viernes, 22 de mayo de 2009

Dos columnas para cagarse

Defecar es uno de los pocos placeres terrenales que no está catalogado como pecado por la gran secta alucinógena que pasTorea el VaticAno, gracias a Dios. Tapa levantada para defecar todo lo que nos plazca mientras no nos caguemos en Dios. Lamento esta contundencia e incontinencia digital pero ni Dios ha conseguido que abdicara de la sentida Fe antirreligiosa que profeso. Me extraña que los capataces del rebaño católico, apostólico y romano no hayan metido mano todavía en este asunto; tal vez se deba a que para hacer aguas mayores no es preciso usar el preservativo. A Dios pongo por testigo que profundizaré en este particular durante mi próxima evacuación. Por cierto, siempre me ha sorprendido la asimilación de los creyentes al rebaño, pues no conozco bicho más asustadizo que las ovejas, ni animal más apropiado para adormecerlas que el que se sube al púlpito.

Estas escatológicas reflexiones y desvaríos vienen a cuento de que este viernes, Enric González y Juan José Millás, dos de los mejores escritores de El País y que no tienen parangón en todo El Mundo, han tratado en sus columnas la misma mierda. Literalmente, sus escritos han versado sobre las heces. González hace una particular interpretación de Freud identificando el excremento con el dinero. Es la explicación más lógica que le encuentra a que en el programa Supervivientes de Telecinco todas las conversaciones giren en torno a las veces que han defecado. Millás, en un arrebato místico, afirma que mientras echaba la siesta los dioses le revelaron que "el sentido de la vida del hombre era la producción de caca". "Los dioses -continúa el maestro- lo único que esperan de nosotros es que vayamos al baño con regularidad". Tenemos el cielo ganado. Si es que el que no hace feliz a su dios es porque no quiere, o por falta de fibra.

domingo, 17 de mayo de 2009

Generación 8.0 Entre Barrio Sésamo y Fotolog


Día Mundial de Internet. Veo en las noticias que en un colegio del Reino Unido enseñan a los niños de cinco años a utilizar Twitter para comunicarse con escolares de otros centros. Por otra parte, en el debate sobre el estado de la nación, Zapatero prometió que todos los alumnos de quinto de Primaria dispondrán en el aula de un ordenador por cabeza. Son otros tiempos.

El mundo no es el mismo desde que este bicho hizo su aparición, y por supuesto me refiero a Internet. Desde Gutenberg es sin duda lo más revolucionario que nos ha sucedido. La televisión fue sólo un bluff. Que se forme un ministerio de Internet es cuestión de tiempo.

Nada original en esta reflexión. Para teclear estas obviedades, Suso, mejor que escribas sobre el Barça, estaréis pensando. Y tenéis razón. Pero pienso también en nosotros, la Generación 8.0. Los que nacimos a principios de los ochenta -unos más a principios que otros- y dimos un salto sin Red a la mayoría de edad. Somos el eslabón entre el mando a distancia y el ratón; entre Barrio Sésamo y el Fotolog.

La Generación 8.0 somos los últimos ejemplares de la era pregoogliana, que aunque parezca extraño, era razonablemente habitable. Las nuevas criaturas homo sapientísimas vienen ahora con un portátil bajo el brazo. Nosotros no, y eso quizá suponga un handicap tecnológico. Para compensar estas carencias, tenemos la virtud de comprender que una vez existió un mundo sin Red, y que además fuimos quienes de adaptarnos sin excesivos contratiempos a las condiciones de esta nueva era. Darwin estaría orgulloso.

jueves, 7 de mayo de 2009

Ésta no es una entrada sobre el Barça

Ésta no es una entrada sobre el Barça, o cuando menos no una entrada sobre fútbol. Aún a riesgo de meterme en camisetas blancas de once varas, de llevar velas en entierros -perdón por el símil- que no me corresponden, o de crear polémica (ojalá), no puedo evitar mi perplejidad ante circunstancias que no acabo de comprender.

Yo, que entre el nacionalismo español y el nacionalismo catalán -o gallego-, prefiero uno sin patria ni bandera -incluso sin nación también-, no puedo dejar de sorprenderme ante buena parte de la sociedad -y su prolongación los medios de comunicación- que cree que fútbol y política no son disociables.

El lunes mientras desayunaba tuve la ocurrencia de encender la televisión. No acostumbro a hacerlo, menos por las mañanas y todavía menos sintonizar TV3. Reconozco que esto último es poco inteligente por mi parte. Por un lado porque es una canal de calidad, pero sobre todo porque al menos cuatro de las diez preguntas de cada test de actulidad tienen a Catalunya como escenario y son mi talón de Aquiles.

En fin, a lo que iba. En pantalla estaba el ilustrísimo periodista rodeado de un puñado de tertulianas. El señor Cuní formuló una pregunta para que la respondieran las susodichas, pero también para que los parados, amas de casa o estudiantes ociosos -me reconozco en todos ellos- siempre pagando el 905 de rigor dieran su opinión al respecto. La pregunta en cuestión era si la victoria del Barça ante el Madrid era más que una victoria deportiva. Menuda gilipollez, pensé yo. Todavía habrá algún trasnochado que piense que en aquel resultado había algo más que fútbol. Pues casi me atraganto con una galleta maría del Mercadona (al más puro estilo bushiano) cuando veo que las siete tertulianas y un 96% de telespectadores ociosos creían que aquello era más que deporte.

Increíble. Y si fuese al revés... ¿Contertulias y espectadores opinarían lo mismo? Si el Barça hubiera perdido ante los blancos, ¿sería también más que una derrota deportiva?¿Qué habría que hacer entonces?¿Retirar el Estatut?¿La Generalidad (con "d" de Madrid) tendría que erradicar el catalán de las escuelas?

Esta noche estuve en Canaletas y volveré a ir si hace falta tres veces más de aquí a junio. Nobleza y curiosidad obligan, pues pueden más que mi madridismo bajo en calorías. Porque yo, inocente de mí, prefiero seguir creyendo que el fútbol es solamente un juego.